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2/02/2010

LA LEY COMIENZA A MOVERSE


Autor: Patxi Calvo. Funcionario

En la entrada anterior, comenté que el Gerente del Hospital de Zamudio, con colaboración necesaria del Director de Personal del mismo manicomio (o viceversa), volvieron a tropezar con la misma piedra, es decir, porque si, porque aquí mando yo, me volvieron a descontar parte de mi salario con estúpidas y falsas argumentaciones, y lo que es peor sin comunicarme de antemano el motivo del descuento (desaparece el derecho a la inocencia), y dado que soy funcionario, sin expediente previo, necesario, para descontarme el dinero, ya que ese descuento debe ser considerado como sanción.

Y sanción sin expediente = a chulería.

Han tenido tan mala suerte que dos días después de cerrar la nómina en el hospital, les ha llegado un citación judicial, en la que se les pide el expediente disciplinario por el cual se me descontó el dinero la vez anterior, expediente que no existe.

Resumiendo, que se han pillado los deditos de mandar, por creerse en posesión de la ley absoluta y por creer que estaban impunes y libres de castigo.

Como he titulado la entrada, la Ley ha comenzado a andar, y como conozco su funcionamiento interno -el de ellos- estoy seguro de que querrán enredar a alguién para salirse con la suya.

Lo han hecho, pero mal y tarde, lo que supone una nueva querella personal, de hecho se acumulará a la actual, y casi no me hace falta que me documente para demostrar sus trapacerías, ellos solos lo hacen.

No es por nada, sólo por cortesía profesional, quiero advertir a las personas a las que intenten reclutar para deshacer esta metida de pata, que se lo piensen bien, pues estarían colaborando en un fraude de Ley, y si ellos son condenados -como así espero- sus colaboradores irán detrás. Ni sería malo que consultarán con abogados.

En esta semana, por supuesto, pediré audiencia política ante la Comisión de Sanidad del Parlamento Vasco, para dar a sus señorías toda la documentación que tengo (denuncias, nóminas, etc.) y para que al menos sepan a quienes tienen dirigiendo este hospital.

Para terminar, comunico que durante varias entradas, podré la dirección a la cual podréis mandar denuncias y/o contar canalladas. Así me lo han pedido en un comentario en el blog, y no me parece mala idea. Discreción asegurada, total y absoluta.

soroleku@gmail.com


10/10/2009

¡POR SUS COJONES! HISTORIA REAL Y ACTUAL


Autor: Patxi Calvo. Trabajador psiquiátrico. Criminólogo.

Cuando comencé a estudiar Criminología en la Universidad, como todo engreído e ignorante estudiante de primer curso, un médico forense me situó en la realidad, y lo cuento:

Como parte de mi enseñanza, acudía a juicios públicos para aprender todo tipo de argucias judiciales que más tarde, en una hipotética practica profesional, me pudieran servir.

Siempre estaba pendiente de las preguntas de abogados y fiscales, de sus manera de preguntar y de dar vuelta a las preguntas, de tal manera que me parecía que el "más listo", ganaba.

El médico forense, ante mi entusiasmo competitivo, me comentó que, si nos fijábamos en quien ganaba o quien perdía, lo que estaba claro que quién perdía era la justicia, y, esa fue mi primera lección, que los jueces no deberían buscar quien ganaba o perdía, sino quién tenía la razón.

Y desde entonces, imbécil de mi, he actuado en base a la razón y la verdad, pero está claro que en este mundo totalmente competitivo, la verdad y la razón, la ley y la justicia no son sinónimos, cada día que pasa son más antónimos, o hablando más claramente, en la administración pública, para trepar no hay que saber, sino parecer, no hay que inteligente, con ser pariente o compadre político del que cree que manda, es suficiente.

Por eso no es ninguna tontería la declaración de algunos abogados de que: "ganamos juicios, pero perdemos sentencias", o en román paladín, la Ley es cada día más clasicista y nada igualitaria, y tienen más posibilidades de salir bien librados los grandes estafadores y corruptos, habitualmente personas de bien, que cualquier ciudadano a quien se considera un "mildundi".

A nivel de administración pública, se comienza siendo un "pelín perrillo" y se acaba siendo un aunténtico canalla, y por supuesto, todo ello es porque reciben órdenes, son "obedientes" -búsquese en google obediencia debida- y "sumisos", personas que pierden la dignidad y todo sentido de la honorabilidad (palabra y concepto que cada vez se usa menos), ya no se cuestionan si las órdenes que reciben son legales o ilegales, si se hacen las cosas de manera razonada o por sus cojones.

La ley, la imponen estos individuos por ejemplo, en el manicomio donde sufro mi vida laboral, y si hace falta se la inventan, y si no cuela tiran de tradicción, ¡Cómo siempre se ha hecho asi!

Los que me asombran son los poderes políticos, estoy totalmente convencido de que no se enteran de la realidad diaria de cada hospital, estoy convencido de que piden explicaciones a los culpables de generar problemas, y estos ya se encargan de mentir descaradamente y echar culpas a los que estorban "SUS" planes personales. Nunca ha venido ningún político a hablar con la "chusma funcionarial" a interesarse de nuestras versiones, problemas que nos generan sus jefes, etc.

Como por hoy ya he escrito mucho, y cansa leer muy seguido, la próxima entrada se llamará FRAUDE DE LEY, y los personajes de esta aventura, como no, son los mismos, más asustados porque sus mierdas estan a punto de ver la luz, y quieren escapar hacia adelante. Error. Delante estoy yo.

8/24/2009

AL PAN, PAN Y AL CERDO, GUARRO (V)


Redactado por Elena Nito. Currante en psiquiatría


Acto 1.2.-

Pero se cumplió el refrán: ninguna buena acción queda sin castigo, y es que este individuo en vez de aprender la lección, como decía en el capítulo anterior, se gazapó y comenzo a acumular rencor, odio y un desmesurado afán de venganza, venganza que nunca se atrevió a cumplir porque su cobardía se lo impedía.

Al cabo de seis meses, como no le pasó nada -ya se sabe, la perifrástica de los jefes-, en su enfermiza mente creyó que lo había hecho bien, y por lo tanto, podía seguir igual. Como los piojos, ya que el piojo resucitado pica dos veces, empezó a dar rienda a su verdadera personalidad, pero con un pequeño y lógico cambio.

Comenzó un puteo, suave, pero seguido, in crescendo contra el personal de Enferemería hacía abajo, y sin embargo se comportaba como un verdadero lameculos con personal con Titulación Universitaría Superior, 8por su natural complejo de inferioridad) pelotas enchufados por él, y alguna que otra persona con la que su cobardía le impedía vengarse a gusto.

Pero lo intentó, con cosas estúpidas: ¡Has llegado tarde!, "errores en nómina", "permisos anulados, porque si" y un largo etc.

La respuesta, sin embargo no se hizo esperar por parte de los trabajadores. En una primera etapa, se colocaron en todas la paredes del hospital, carteles con denuncias, pero todo dentro del hospital, y sin embargo, sus superiores no hacía nada para evitar sus desmanes, ni por activa, ni por pasiva, sólo por perifrástica. El tipo sabía que mientras las denuncias no saliesen del Hospital no sucedería nada (daños controlados).

De manera que se inición una segunda etapa de protestas sindicales, se comenzaron a denunciar en los medios de comunicación al actuaciones de este individuo, a quien se nombraba con cargo nombre y apellidos (daños expansivos).

Me consta, que desde los Servicios Centrales de Osakidetza, fue llamado a capítulo muchas veces para recibir la consiguiente bronca, y como comentó uno de sus jefes: tiene una incapacidad total para reconocer su errores, la culpa de todo, siempre la tienen los demás.

Así que, sabiendo que este tipo era el culpables de todos los desaguisados, del mal ambiente que aumentaba día a día, se tomo la decisión de dar un paso más. Estaba claro que si el culpable seguía actuando, es que contaba con el beneplácito de su superior, por lo que se cambiaron las dianas de la denuncias. Se denunciaría a su inmediato superior por inoperante y consentirle las canalladas. (ampliación de daños)



Continuará Acto 1.2 ...

8/09/2009

ADICTOS Y CARBONIZADOS EN EL PUESTO DE TRABAJO


Compilado por Patxi Calvo: Criminólogo y Trabajador Psiquiátrico en Osakidetza.

Fuente: "La dimisión interior" de Iñaki Piñuel. Edic. La Pirámide.


"Las personas que trabajan en organizaciones tóxicas (es decir, aquellas empresas o entornos laborales en los que se destroza psicológicamente a los empleados de muy variadas maneras) reaccionan a esas condiciones negativas mediante mecanismos de ajuste o de supervivencia que en todos los casos suponen cambios profundos en la estructura de la personalidad y en los patrones de relación social.


Por lo general, hay dos respuestas a esta situación: la adicción al trabajo y el desarrolo del sídrome del quemado -burnout-.


En el primer caso, el trabajador incrementa su dedicación laboral hasta eclipsar los demás aspectos de su vida. Se trata de una especie de huída hacia delante en la que el adicto no trata no trata de alcanzar metas o rendimientos profesionales sino simplemente intenta evitar conflictos psicológicos internos o de compensar otros problemas no resueltos.


Los síntomas externos de esta patología laboral son variados: trabajar un número de horas excesivo, desplegar una gran energía, despreciar las actividades de ocio o descanso, abandonar o perder las relaciones sociales y familiares...


Esta adicción al trabajo acaba, en últimos extremos, con la destrucción de la esfera psicológica y física del trabajador.


Otros trabajadores reaccionan ante condiciones laborales tóxicas desarrollando el síndrome del quemado o carbonizado. Este padecimiento se produce cuando coinciden tres secuelas:


* Una sensación de cansancio físico y emocinal que no cede con el descanso.

* Una actitud de desinterés hacia las personas en el trato profesional y

* Un sentimiento de improductividad en el trabajo.


¿Cómo se llega a estar carbonizado en el trabajo? Diversos estudios coinciden en que las características personales del trabajador no tienen influencia significativa. Sí se ha demostrado que existen ciertos sectores laborales más propensos a este tipo de situaciones. Se trata de profesones con mucha relación social y en las que está presente explicitamente el concepto de ayuda a los demás -por ejemplo sanidad-. En estas áreas, que tienen un componente elevado de altruismo, los trabajadores están más expuestos a sentirse decepcionados con su trabajo y, consecuentemente, son más vulnerables al bornout.


En cualquier caso, el factor clave en el síndrome del trabajador carbonizado son las malas condiciones laborales.


Hay tres conceptos decisivos:


1.- La mala gestión de la empresa (como se comportan los jefes).

2.- La existencia de un clima laboral desmotivador y deteriorado, y

3.- Falta de racionalidad en la organización del trabajo.


El resultado final de estas patologías laborales suele ser la que se denomina dimisión interior, es decir, un daño emocional y psicológico generado por condiciones de trabajo insoportables que se materializa en un proceso de victimización oculto y muy continuado"